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El descenso

Textus originalis 11431152

Haec opera lingua Hispanica scripta sunt, nec vertuntur: forma ipsa pars operis est.

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φ: Y tú... 11431152, ¿qué es lo que te gusta?

11431152: Me atraen los límites.

φ: ¿Cómo?

11431152: Explorarlos. Quiero saber qué se oculta más allá... y revelarlo.

φ: ¿Revelar qué?

11431152: La verdad. Y entenderla.

φ: ¿Cómo?

11431152: Debemos empezar desde el centro: desde el Yo. Desde allí se asciende o se desciende, se ilumina o se oscurece. El mundo, metafóricamente, es a la vez paraíso, limbo e infierno: existen en paralelo, superpuestos como capas invisibles. La sociedad misma no es sino un espejo de esa búsqueda incesante por descubrir quiénes somos.

Piénsalo: todo se expande hacia los extremos —la carrera espacial, la física cuántica, las pasiones humanas—. Me atraen esos límites porque, con frecuencia, la verdad se oculta justo detrás de ellos.

φ: Intento seguirte, pero aún no termino de entender...

11431152: Entonces, observa.

Cosmos Tiempo histórico Geopolítica Economía Política Ideología dominante Religión heredada Cultura / Medios / Publicidad / Redes Tecnología / Algoritmos Sistema educativo Lengua materna Raza / Etnicidad Género asignado Clase social al nacer Lugar de nacimiento Nombre / Identidad legal Familia Recursos heredados

YO

Memoria Experiencias personales Relaciones Cuerpo / Biología / Ciclos Emociones Lenguaje interno Ego Sombra Instinto Voluntad Deseo Tiempo interior / Ritmo subjetivo Intuición Imaginación / Sueño Lenguaje simbólico / Arquetipos Inconsciente Silencio / Vacío Espiritualidad vivida Amor no romántico Trauma / Herida original Juego / Erotismo / Humor Unidad / Disolución del Yo

Cuando hablo de que existen en paralelo, muchos imaginan el paraíso sobre nuestras cabezas y el infierno bajo nuestros pies, situándose mentalmente en medio de ambos.

Pero esto funciona solo de forma metafórica. El bien, el mal y la neutralidad son conceptos humanos; en la divinidad, parten de una misma esencia, diferenciándose únicamente en grado. La divinidad escapa a nuestro entendimiento, y los límites que sobrepasa son, a menudo, los que nos señalan el camino.

Por ejemplo: cualquier ser humano puede ubicarse físicamente en un punto, lo que le da una coordenada exacta... pero no dos. Este límite nos da una enseñanza. Comprenderla es entender que vivimos de acuerdo al lugar donde nos situamos: limbo, infierno o paraíso. Las condiciones e intereses materiales de nuestro entorno definirán donde nos encontramos.

Lo mismo ocurre con la conciencia, aunque encontrarla es mucho más difícil: es inmaterial, invisible y moldeada por nuestro contexto histórico, familiar, cultural, social, político y económico. Sin embargo, el factor humano introduce variaciones únicas: las experiencias, las emociones y lo que consumimos constantemente generan creencias que nos sitúan en un espacio invisible, con una frecuencia propia y una verdad única.

Ubicarla es el punto de partida...

Y aunque solemos pensar que habitamos un punto intermedio entre ambos extremos, en realidad aparecemos en este mundo, como entre muchas otras cosas, en el comienzo. El camino hacia la verdad no es una escalada directa; aquí no hay atajos. Es un descenso y una travesía, para después ascender.

Con el tiempo, se comprende que llegará el momento de emprender el viaje de ida sin retorno. Mientras tanto, uno puede convertirse en explorador, buscando alguna verdad universal con la intención de, cuando llegue la hora, no perderse en el intento; avanzando y aprendiendo con cada incursión. Pero esto tiene un costo, más alto cuanto mayor sea el avance.

A menudo, el precio es la destrucción de estructuras mentales, quedando en ruinas o extinguiéndolas por completo. El regreso puede dejarte en el limbo, obligándote a reestructurarte... y eso solo será posible si atiendes a estas advertencias antes de partir:

Prepárate física y mentalmente. El equilibrio y la paz interior revelan el camino y evitan confusiones.

Deja señales a tu paso. No confíes en tu memoria.

El tiempo no es lineal allí. Si saltas para llegar a otro espacio, asegúrate de que la tierra sea firme o caerás.

Sigue avanzando. Quedarse por demasiado tiempo puede nublar tu visión o cegarte por completo.

Nada de lo que observas es real.

No interactúes demasiado con lo que encuentres buscando respuestas. Algunas veces las obtendrás, pero la mayoría intentará encadenarte en un bucle infinito del que pocos logran escapar.

Los espejismos, incluso los que viven en la sombra, se alimentan de tu luz y atención. Si lo interiorizas, muchos se disolverán.

En la disolución hallarás el vacío. Es aterrador, pero no temas: respira. Es temporal; volverás.

No traigas nada de regreso. Fuera de su lugar se desvanecerá. La trampa está en hacerte perder tiempo, energía y enfoque.

Si te extravías, mantén un ancla sólida en tu misma frecuencia que reciba tu señal y pueda ayudarte a volver.

Por último, sobre todo, no juzgues. El juicio cierra el camino y difícilmente se revelará de nuevo.

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